Escoto no es hombre imprevisible. Por ello, como buen marxista, es poco amigo de judíos -el Centro «Simon Wiesenthal» pidió su cese como presidente por sus discursos contra Israel- y convencido antiamericano -sus demonios tienen nombres republicanos: Reagan y Bush-. Escoto es un feroz anticapitalista, defensor del la teoría de la división norte-sur (el norte rico es responsable de todos los males del pobre sur) y del ecologismo de la Madre Tierra, a la que, afirma, hay que venerar porque tiene dignidad y derechos.
Y, por si hubiera alguna duda, antes marxista que cristiano. O mejor, marxista y por ello nada cristiano. Como tantos otros camaradas compañeros (los hermanos sandinistas Cardenal, sin ir más lejos), prefirió la fidelidad a Marx antes que a Cristo, por lo que fue suspendido a divinis por Juan Pablo II. En su currículo oficial se dice que Escoto está inspirado por la vida y obras de León Tolstoi, M. K. Gandhi, Martin Luther King y Dorothy Day.