Entre el 2 y el 4 de noviembre, se realizó una singular reunión en el castillo de Windsor. Los convocantes fueron el Príncipe Felipe de Edimburgo, como presidente de la Alliance of Religions and Conservation (ARC), y el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.
Asistieron “representantes de todas las creencias religiosas” que firmaron “el primer gran compromiso internacional coordinado para la conservación del medio ambiente en el que intervienen todas las religiones, que tiene por objeto amoldar el comportamiento y las actitudes de los fieles en orden a proteger la naturaleza para las generaciones futuras”. Este gran compromiso pretende ser la aportación de las religiones a la XV Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático, organizada por la ONU, que se celebrará en Copenhague del 7 al 18 de diciembre de 2009.
Los Compromisos de Windsor, The Windsor commitments, ocupan un volumen de casi doscientas páginas, que lleva por título Many Heavens, One Earth. Faith commitments to protect the living planet. Con sólo el título de la publicación, fácilmente se capta el sincretismo panteísta que los empapa, aunque éste se intenta disimular, porque cada uno de los firmantes se compromete a aplicar en sus comunidades un plan de acción, supuestamente compatible con su propia doctrina.
Recordemos que Felipe de Edimburgo fue quien prologó la Ética Planetaria de Hans Küng, cuando ésta fuera presentada en el Parlamento de las Religiones del Mundo y en el Foro Económico de Davos. La Ética Planetaria y la Carta de la Tierra pretenden ser los instrumentos que den sustento moral al nuevo orden mundial, sustituyendo a los 10 Mandamientos.