Nuevo diseño en el mapa del poder en el mundo

En América, la revolución puntocom se convirtió en burbuja al cruzar el umbral del 2000. Y no solo explotó. Peor aún, se curó con otra burbuja más dañina, la del crédito. Con ella se enmascaró que la prosperidad, basada en una sociedad que desde el New Deal mimó a su clase media, hacía aguas. Las desigualdades sociales crecieron pero el crédito permitió que con salarios estancados o a la baja la vivienda fuera el centro de la economía. Los préstamos alimentaron unas arriesgadas prácticas financieras, rentables a corto plazo, que atrajeron el dinero de todo el planeta reforzando un apalancamiento insostenible.

Ni siquiera tuvieron que pasar 10 años para ver el daño. En 2006 llegaron los primeros avisos. En 2007 empezó a ser muy tarde. En 2008 el logro fue evitar caer en un abismo económico que recorrió el mundo debido a los riesgos sistémicos de la globalización financiera. EE UU fue la zona cero de la explosión de la crisis por ser la gran potencia y la sede de una gran banca y el sistema financiero. Este sector ha precisado masivas ayudas de Estado para seguir con vida y el capitalismo global se ha convertido en un curioso híbrido en el que el libre mercado ha coqueteado, y sigue haciéndolo, con la garantía (o apoyo directo si es preciso) del Estado.

En Europa, el daño llegó sacando a la luz las insuficientes costuras políticas y económicas con las que se tejió la Unión Monetaria. Lombardi, cree que Europa "no se siente segura en este nuevo orden".

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