Rousseff había heredado esos símbolos religiosos del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien le cedió el poder el 1 de enero, pero decidió quitarlos en sus primeros días en la jefatura del Estado, según el diario Folha de São Paulo.
No obstante, durante la campaña electoral, Rousseff reafirmó sus creencias católicas y visitó lugares sagrados como el santuario de la ciudad de Aparecida, en vísperas del 12 de octubre, cuando se celebran los homenajes de la virgen patrona de Brasil, en una de las mayores fiestas religiosas del país suramericano.
La política del Partido de los Trabajadores (PT) también reiteró su fe y su respeto a las ideas cristianas al abordar temas polémicos como el aborto, que fue muy discutido durante la campaña.