Un Egipto sin alcohol ni bikinis

Las declaraciones de dirigentes y representantes del partido Al Nuur, así como del aspirante a candidato a la presidencia, Hazem Salah Abu Ismail, han desatado todas las alarmas en el sector turístico, sobre todo en las paradisiacas localidades del Mar Rojo, como Sharm el Sheij y Hurgada, que hasta ahora habían conseguido sobrevivir a la crisis gracias a su lejanía de la plaza Tahrir. Pero los salafistas han ido más allá y uno de sus candidatos parlamentarios –que finalmente salió derrotado de la primera ronda de los comicios– arremetió contra las ruinas faraónicas, de incalculable valor histórico y artístico, proponiendo cubrir con cera las estatuas de los dioses, ya que la representación de seres divinos es considerada idolatría por el islam, y recordando así la triste destrucción de los budas de Bamiyan a manos de los talibanes.

Egipto está lejos de convertirse en Afganistán y, aunque los salafistas consigan una parte importante de escaños en el futuro parlamento, no tendrían la posibilidad de aplicar la «sharia» o ley islámica de forma estricta. Incluso las competencias de la cámara son todavía inciertas, pero la polémica ya está servida. Los salafistas han atacado al premio Nobel de Literatura egipcio, Naguib Mahfouz, diciendo que sus novelas incitan a la prostitución, la promiscuidad y al ateísmo. El rostro, e incluso la voz, de las mujeres es más que pecaminoso para ellos y la propia democracia, en la que ahora participan, fue calificada de herejía. Mas...