Cuando el Estado obliga a una iglesia a ordenar obispas: el caso sueco, el danés... y el inglés

Suecia es un gran experimento en religión "progre". Hoy, la obispa luterana de Estocolmo es una lesbiana que vive con su pareja lésbica, otra reverenda.


Pero la cosa empezó en 1957. Los obispos luteranos suecos votaron por mayoría ese año contra la ordenación de mujeres como pastoras y obispas, algo que sorprendió a los observadores cercanos.

La ley sueca exigía entonces que la "legislación eclesiástica" pasase tanto por la Asamblea Eclesial como por el Parlamento. El Parlamento, ni corto ni perezoso, directamente decidió aprobar la ordenación de mujeres. El poder político imponía su ley a la iglesia. A continuación, el Parlamento convocó elecciones para la Asamblea Eclesial para el año siguiente. Los partidos políticos colocaron gente de su agrado como delegados laicos en la Asamblea, con derecho a voto, y amenazaron con "des-establecer" la iglesia y confiscar sus bienes.

Y, milagro obrado por las amenazas: en apenas un año muchos obispos luteranos suecos cambiaron de opinión, aprobaron la ordenación de mujeres, y en 1960 ya estaban ordenándolas. Sin una Roma a la que mirar, cedieron enseguida al poder político.
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