La guerra siria se precipita a la barbarie

Se abalanza sobre el cuerpo de un soldado del Ejército gubernamental y, con un machete, le abre el pecho y extrae de él, sin perder el aplomo, el corazón y el hígado. De fondo, se oye: “Que dios te bendiga, Abu Sakar, parece que estés dibujando sobre él un corazón de amor”. El miliciano se dirige a la cámara y dice: “Le juro a dios, soldados de Bachar perros, comeremos vuestros corazones e hígados. Alá es grande. Mis héroes de Bab Amro, masacrad a los alauíes y sacadles los corazones para coméroslos”.

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