«Os convertís al islam o secuestramos a vuestros hijos»

Los líderes religiosos musulmanes, explica el Khalil Jaar, «están prohibiendo a su gente comprar nada a los cristianos: les dicen que, en cuanto los echen, podrán quedarse gratis con sus casas y sus coches».

La complicidad del Gobierno y las fuerzas de seguridad iraquíes con los grupos de fanáticos es «absoluta», añade Martin Fadi, un carpintero que en 2007 presenció el asesinato de tres subdiáconos y del padre católico Ragid Keni en Mosul. «Me fui a esa ciudad huyendo de Bagdad porque creí que allí no me conocerían —nos cuenta—, pero cuando llegué la policía ya había informado a los fanáticos de que yo era cristiano y comenzaron otra vez las amenazas… las autoridades financian y respaldan este terror». Fadi pasó por Siria y ha seguido errante hasta Jordania, donde se duele de que «ningún país árabe este siendo capaz de darnos una residencia legal, una oportunidad para volver a empezar de nuevo».

El miedo alimenta el resentimiento y los perseguidos previenen contra el radicalismo islamista del que son víctimas. «Vivir con musulmanes así es muy difícil —advierte Zuher Betnam, el ingeniero—, en Europa ya tienen ustedes experiencia… ellos no viven como los demás, imponen sus leyes: te conviertes, te marchas o te matan. Mírenlo, así están “liberando” Irak para el islam y así quieren “liberar” al mundo entero. Europa debería tenerlo en cuenta antes de que sea demasiado tarde.