«Si el Estado no cree en Dios, es fácil que haga leyes que no favorezcan a la familia»

El Estado tiene que darse cuenta de que la familia es una célula básica de la sociedad. De una sociedad real, nueva, donde se pueda formar a los hombres en una dimensión humana, psicológica y sobre todo divina. Si el Estado es un Estado laico, que no cree en Dios o no quiere que exista una confesionalidad, es fácil que a veces sin querer —de forma inconsciente incluso— haga leyes que no favorezcan la familia cristiana. Es un error muy grave que comete el Estado. Hoy, los países ateos como los del norte de Europa demuestran que la sociedad se altera gravemente si se destruye la familia.