Knowing (2009)
La respuesta es sí.
Dios ya destruyó una vez parte de su creación por medio del agua. Recordemos el Diluvio:
Y la Escritura anuncia que llegará también un día de destrucción total mediante el fuego:
Pero, si hablamos espiritualmente —que es lo que principalmente nos interesa—, llegará un momento en que Jesucristo, en calidad de Juez, dirá:
«Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles».
¿Quiénes serán esos «malditos»?
En el mismo capítulo, Jesús nos explica una de las razones:
«Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis».
Es decir, aquellos que, teniendo la posibilidad de ejercer misericordia y solidaridad, no lo hicieron.
La Biblia también advierte:
Allí se mencionan, entre otros, los incrédulos, los abominables, los homicidas, los fornicarios, los hechiceros, los idólatras y los mentirosos.
A propósito:
¿Cuándo fue la última vez que mentiste, consultaste el horóscopo o acudiste a un adivino?
También encontramos una seria advertencia en:
Allí se menciona a los injustos, fornicarios, idólatras, adúlteros, afeminados, quienes se echan con varones, ladrones, avaros, borrachos, maldicientes y estafadores.
La pregunta debemos dirigirla también hacia nosotros mismos:
¿Hemos tomado alguna vez algo que no nos correspondía?
¿Nuestro lenguaje ha sido siempre respetuoso a lo que dice la Biblia?
Asimismo, la Escritura enumera las obras de la carne:
Entre ellas aparecen el adulterio, la fornicación, la inmundicia, la lascivia, las enemistades, los pleitos, los celos, las iras, las contiendas, las disensiones, las herejías, las envidias, las borracheras, las orgías y otras semejantes.
Deberíamos examinarnos:
¿Nos hemos enemistado injustamente con alguien?
¿Qué es adulterio para Dios?
Nuestro Maestro lo explica claramente:
«Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón».
Entendamos entonces que también nuestros pensamientos deben ser examinados y purificados.
La Escritura nos recuerda:
«Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor».
Jesús también advierte acerca de quienes lo niegan:
Y acerca de la blasfemia contra el Espíritu Santo:
No basta con decir que somos cristianos
Debemos mencionar también una categoría especialmente seria: personas que incluso habiendo profetizado en nombre de Jesucristo, expulsado demonios y realizado milagros, pueden ser rechazadas por Él. Nuestro Maestro lo advierte en:
Por ello, los milagros, las manifestaciones espirituales o el reconocimiento público no constituyen por sí solos garantía de salvación.
Jesús también enseña:
«Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego».
El contexto se refiere a los falsos profetas y a la necesidad de reconocerlos por sus frutos.
Las consecuencias del pecado.
Nuestros errores pueden traer consecuencias no solamente para nosotros, sino también para nuestras familias y descendientes.
El mandamiento contra la idolatría contiene una advertencia sobre las consecuencias del pecado a través de las generaciones:
Entonces, ¿estamos condenados?
La Escritura nos confronta con la realidad universal del pecado:
Pero esta no es la última palabra.
La buena noticia es que existe salvación por medio de Jesucristo. Esta es precisamente la esperanza central del Evangelio: el hombre pecador puede arrepentirse, creer en Jesucristo y recibir vida eterna.
Nuestro Maestro dice:
«Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?»
Ricardocarlindelacruz.blogspot.com