CRISTOTERAPIA

El poder sanador de Dios

Nota: Este curso presenta una reflexión espiritual y bíblica. No sustituye diagnóstico, tratamiento ni atención médica profesional. Ante una enfermedad o emergencia, debe mantenerse la atención sanitaria correspondiente.

Capítulo I

Sanaciones, Fundamentos

Amados hermanos, que la paz sea con vosotros.

Nuestro DIOS es un Dios de Sanación; este conocimiento nos es dado de manera repetitiva a lo largo de toda la Biblia, así vemos en Éxodo 15:26: “Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador”.

Por favor leer también Génesis 20:7, Génesis 20:17, Job 33:25, Salmos 41:3, Proverbios 4:20-23, Isaías 38:16, Isaías 53:5, Jeremías 33:6, Oseas 6:1-3.

En el Nuevo Testamento, Jesús, como Maestro nos otorga el conocimiento para que nosotros también podamos ser utilizados para sanar enfermos; a lo largo de los evangelios, él sanaba enfermos, y aun en el momento en que es detenido sana a uno de los que lo estaban apresando, Malco... Lucas 22:51.

Jesús en Mateo 10:8 nos manda: “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia”. Nuestro amado Maestro nos enseña que ésta es una actividad que debe ser recurrente a lo largo de nuestra vida como cristianos. Ojo, hay que hacerlo gratuitamente. Reconoced que si nos envía a realizar estas actividades es por cuanto también nos da la facultad de hacerlo.

Este mandato es para todos los que nos consideramos seguidores de Cristo, no sólo para los apóstoles de su época, sino también para nuestros tiempos, tal y como indica el evangelio de Lucas 10:9, cuando envía a los Setenta y dos.

Amados hermanos, dice el Señor en Marcos 16:17-18: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; SOBRE LOS ENFERMOS PONDRÁN SUS MANOS, Y SANARÁN”.

Estas actividades pueden ser realizadas aun a distancia, es decir, aunque no podamos estar en presencia de quien va a recibir la sanación; esta enseñanza nos la transmite Jesús en Mateo 8:5-13 así como en Juan 4:46-53.

Queridos hermanos, no hay nada nuevo bajo el sol. En el Antiguo Testamento Dios también hacía sanaciones a través de Elías, conforme vemos en 1 Reyes 17:22, Eliseo en 2 Reyes 4:32-35; y en el Nuevo Testamento vemos a Pedro en Hechos 5:15-16, Pablo en Hechos 19:11-12, y recuerden a los Setenta ya mencionados; la novedad radica en que nuestro Maestro nos aclara cómo hacerlo.

Amados hermanos, Dios es el Sanador; el creyente, cuando Él así lo dispone, sirve como instrumento o canal de su obra. Esta distinción debe mantenerse a lo largo de todo este estudio.

La Escritura dice en Santiago 5:15: “Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados”.

Hno. Ricardo.
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Capítulo II

Longevidad

Dios nos dice a través de Salomón en Proverbios 10:27: “El temor de Jehová aumentará los días; mas los años de los impíos serán acortados”.

Entendamos esta condición para tener una larga vida como muy fácil de cumplir por cualquier hombre; mas, les pregunto: ¿Somos nosotros “cualquier hombre”? Recuerden, hermanos, nuestra ventaja es la de ser, o estar en la vía de ser, auténticos seguidores de las enseñanzas de Jesús.

Entonces vamos desde el principio. En Génesis 6:3 dice Dios: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años”.

Este texto admite dos interpretaciones principales: como un plazo de 120 años antes del Diluvio, o como una referencia a la limitación de la longevidad humana. En cualquiera de las dos lecturas, la vida permanece bajo la soberanía de Dios.

Imagen del capítulo 2

Cuando hablamos de Liderazgo Cristiano, nos referimos como antecedentes a los patriarcas del Antiguo Testamento. Así tenemos: Abraham 175 años (Génesis 25:7), Isaac 180 (Génesis 35:28), Jacob 147 (Génesis 47:28) y José 110 (Génesis 50:26).

Y..., el más grande del Antiguo Testamento: “Era Moisés de edad de ciento veinte años cuando murió; sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor”. Deuteronomio 34:7. Antes de morir, Deuteronomio 34:1 afirma que Moisés subió desde los campos de Moab al monte Nebo, a la cumbre de Pisga. No aparece como un anciano postrado, sino como un hombre cuyo vigor y vista fueron preservados hasta el final.

La categoría espiritual a la que tratamos de acceder para que se den estas ventajas, es decir longevidad y buena salud, aparece expresamente en la misma historia: “Moisés siervo de Jehová” (Deuteronomio 34:5) y “mi siervo Moisés” (Números 12:7).

Caleb presenta un paralelo extraordinario. Dios lo llama “mi siervo Caleb” en Números 14:24. A los 85 años declaró que conservaba fuerza para la guerra como cuando tenía 40 años (Josué 14:10-11). Estos casos no establecen que todo siervo de Dios deba vivir muchos años; muestran que Dios puede preservar de manera extraordinaria a sus siervos conforme a su propósito.

El mundo de regeneración revelado a través de Isaías 65:20 presenta una longevidad extraordinaria: “No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla...”

Hermanos, nuestra tarea de Liderazgo encaminada a dirigir a nuestros hermanos a niveles adecuados de espiritualidad es sumamente valiosa. En el ámbito terreno, Dios puede conceder longevidad, salud y provisión a sus siervos conforme a su voluntad y propósito; y en el cielo, vida abundante y eterna al lado del Dios Altísimo.

Debemos estar preparados para lo que viene, nuestro mundo tal como lo conocemos no será igual pues sólo lo habitarán los sobrevivientes y descendientes de la actual guerra que estamos librando, evidentemente estos sobrevivientes y descendientes serán quienes hayan seguido las indicaciones expedidas desde lo Alto.

Hermanos, a cada uno de nosotros nos corresponde el nuevo diseño del mundo, en donde deberán cumplirse las profecías de los hermanos Isaías, Jeremías, etc. Como dice Salmo 37:29: “Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella”.

Queridos hermanos, 1 Pedro 4:7-11 nos exhorta a ser sobrios, velar en oración, mantener ferviente amor, practicar la hospitalidad y administrar fielmente los dones recibidos, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo.

Hno. Ricardo.
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Capítulo III

AMOR

Para poder ser parte de una Sanación, se necesita de manera imprescindible AMOR, el indicado en Mateo 5:44-48, dice el Maestro: “amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”. Esto significa caminar hacia la perfección espiritual según Jesús; os invito a leer detenidamente este pasaje.

Cuando alcancemos tal grado de espiritualidad que no nos afecte ningún tipo de ofensa ni agravio, Dios podrá utilizarnos para servir de canal de sanación; evidentemente será el momento en que ya no podamos considerar a nadie como enemigo, el momento en que sea el AMOR el sentimiento predominante en nuestras vidas.

Podemos fácilmente imaginar a Cristo, dando la otra mejilla o en el momento de su crucifixión, diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Pero... ¿podríamos imaginarnos a nosotros mismos en esas circunstancias?

Imagen del capítulo 3

La respuesta la encontramos en Hechos 7:59-60; pues luego de Cristo hubo un hombre como nosotros que según la historia bíblica pasó por circunstancias similares a Jesús: Esteban, quien mientras era apedreado invocó al Señor y pidió que no se tomara en cuenta aquel pecado.

Queda claro que no sólo Jesús tuvo este tipo de sentimientos, por lo que es muy factible que también estén al alcance de cualquiera de nosotros.

Nuestro Padre, en su infinita sabiduría, nos otorga los elementos necesarios para poder acceder a sentimientos y circunstancias que elevan nuestra espiritualidad; entre estos elementos están la pareja, familia, parientes, amigos y demás relaciones personales. Así como enfermedades y calamidades que se convertirán, según el programa divino de salvación, en elementos claves para nuestro perfeccionamiento, aunque en determinado momento, según nuestro pensamiento antiguo, nos provoquen más disgustos que satisfacciones.

La única forma de llegar a sentir amor es experimentándolo, cuando miramos los ojos de la persona que es según designio divino nuestro complemento; cuando nos convertimos en padres y nos sentimos co-creadores con Dios; cuando llegamos por la gracia divina a ser cristianos; y, aceptando las pruebas que Dios nos impone para ser mejores, muy posiblemente sentir la traición de quienes creíamos nuestros incondicionales; pero luego, con la fortaleza que Él nos otorga, poder decir de corazón: Señor, no les tomes en cuenta esa equivocación; pues ya no nos sentimos afectados, sino que reflexionamos en las consecuencias espirituales de los actos equivocados de nuestros hermanos pequeños.

Hno. Ricardo.
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Capítulo IV

Humildad

Humildad, una de las más importantes enseñanzas de nuestro amado Maestro Jesús. A lo largo de los evangelios vemos:

Su origen, Nazaret, que era un lugar tan poco importante que Natanael llega a decir: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” Juan 1:46.

Su nacimiento, “acostado en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”. Lucas 2:7.

Su Bautizo, por parte de Juan, el cual se oponía a ser quien bautizara a Jesús, diciendo: “Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?” Mateo 3:14.

Sus primeros discípulos, hombres comunes sin títulos nobiliarios ni cargos políticos.

La entrada en Jerusalén, “manso, y sentado sobre una asna, sobre un pollino, hijo de animal de carga”, es decir, no sobre un carruaje o un caballo como hubiera sido lo usual entre los poderosos en esa época. Mateo 21:5.

Imagen del capítulo 4

Lavatorio de pies a sus discípulos, a lo que Pedro le dijo: “No me lavarás los pies jamás”, Juan 13:8, porque esa era una labor que no correspondía a las personas relevantes.

Su crucifixión entre dos malhechores, Marcos 15:27-28.

Nuestro amado Maestro Jesús obraba de manera humilde y cuando hablaba decía: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”, Mateo 5:3.

“El que es más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande”, Lucas 9:48.

Y qué nos dice el Dios Altísimo sobre la humildad: “Él no estima a ninguno que cree en su propio corazón ser sabio”. Job 37:24 “Jehová exalta a los humildes” (Salmo 147:6) y “Jehová es excelso, y atiende al humilde” (Salmo 138:6). Hermanos, a efectos de Sanidad, os invito a grabar en su corazón el Salmo 51:1-17. Procuremos ser igual al Maestro, el cual en Mateo 11:29 nos dice: “yo soy manso y humilde de corazón”.

Nuestro amado Maestro Jesús se despojó a sí mismo, tomó forma de siervo y “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Dios lo exaltó hasta lo sumo. Filipenses 2:6-11.

Hno. Ricardo.
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Capítulo V

Fe

Conceptuando la fe como “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”, Hebreos 11:1, debemos decir que es un requisito imprescindible para ser canalizados por el Dios Altísimo a efectos de sanaciones.

Amados hermanos, confianza es tener fe en lo que somos; por favor lean 1 Reyes 18:20-39, en especial el versículo 36, en donde Elías pide con fe que Dios se manifieste.

Dice el Señor: “Tened fe en Dios”. Y añade que “todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis”. Marcos 11:22-24.

Hay que notar que la medida de fe que necesitamos para ejercer los dones del Señor en nosotros es dada por él mismo en Lucas 17:6 cuando nos dice: “Si tuvierais fe como un grano de mostaza...”. Es decir que esta medida de fe es mínima y, por lo tanto, accesible para cualquier cristiano y mucho más para el siervo de Dios, LNM.

¿Podremos tener esta medida de fe?... ¿Podremos creer en Jesús? Es él quien nos dice que el que cree en él hará las obras que él hace, y aun mayores. Juan 14:12.

Y, ¿cuáles son las obras de Jesús? Entre otras cosas tenemos: control de elementos atmosféricos, Mateo 8:23-27, sanación de enfermos, Mateo 4:23-24, expulsión de demonios, Marcos 1:39, resucitación de muertos, Lucas 7:14, y finalmente su victoria total sobre la muerte, Hechos 10:39-41.

Acerca de volver de la muerte a una persona, la misma palabra de Dios nos indica que luego de Jesucristo lo hicieron también Pedro, Hechos 9:36-42, y Pablo, Hechos 20:9-12.

A propósito del control del clima, ¿será difícil? Les respondo mencionando a Elías el profeta en 1 Reyes 18:41-45 y en Santiago 5:17: Elías era un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras y oró fervientemente para que no lloviese. Entendamos: un hombre igual a nosotros.

Amados hermanos, a medida que vayamos ejercitando el primer mandamiento, es decir - Amar a Dios sobre todas las cosas -, iremos también caminando en el sendero de los hechos que en principio se podrían calificar de milagros, pero que en etapas espirituales posteriores serán hechos cotidianos y necesarios primeramente para la glorificación de Dios y en segundo lugar para beneficio de nuestros hermanos y de nosotros mismos.

Hno. Ricardo.
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Capítulo VI

Procedimiento

Una vez que ejercitemos mediante la práctica el Amor, la Humildad y la Fe, hayamos aceptado a DIOS como centro de nuestras vidas, y a JESÚS como el camino de la verdad, podremos dirigir nuestras peticiones para la salud de nuestros hermanos, para expulsión de demonios y para poder controlar condiciones climáticas adversas.

En el caso de Sanaciones, serán efectivizadas las que tengan como propósito la glorificación de Dios, tal como lo indica nuestro amado Maestro en Juan 9:3. Hemos de mantener siempre en máximo nivel nuestra propia espiritualidad, pues se nos presentarán casos como el mencionado en Mateo 17:19-21, cuya resolución se presenta en la RVR1960 en el versículo 21: “oración y ayuno”. Nota textual: algunas traducciones modernas basadas en otros manuscritos omiten o anotan este versículo.

En cuanto a control de condiciones climáticas adversas, revisemos Mateo 8:24-27, controlaremos por ejemplo inundaciones, tifones, sequías, etc. tal como lo indicado en Cristoterapia 5 Fe (ver arriba).

Al actuar en campos donde se combinan espíritu, materia, pasado, presente, futuro, vale aclarar lo que Dios nos dice acerca de las enfermedades y más calamidades que azotan a la humanidad y que se originan a causa de la desobediencia a sus leyes; por favor ver Deuteronomio 28:15-67 y 1 Corintios 11:29-30. Y que por mediación de Jesús pueden ser objeto de redención para la gloria de Dios, conforme lo indicado en Mateo 9:6-8.

Hermanos, el procedimiento para ser canales del Altísimo lo desvela nuestro amado Maestro en Juan 14:13-14: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”. Esto lo repite en Juan 16:23. Nos promete también: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”. Juan 15:7.

En Juan 9:31, el hombre que había sido ciego declara durante su discusión con los fariseos: “Sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye”. Hermanos, sabemos que no somos solamente “temerosos de Dios”; por lo tanto él nos atenderá, tenemos el mejor interlocutor al Padre que es Jesús, el Hijo que aboga por nosotros. Juan 17:20.

Aun en el momento en que un hermano está a punto de desencarnar, podremos ser aquel hombre que menciona Job 33:19-30, aquel “elocuente mediador” que en concordancia con Santiago 5:20, podrá “hacer volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados”.

Hermanos, aunque somos eternos espiritualmente, tenemos una sola y gran oportunidad en este ámbito terrenal para llegar a la perfección; aprovechemos para ser instruidos por el Maestro más grande de todos.... Jesucristo de Nazareth.

Imagen del capítulo 6

Hno. Ricardo.
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Capítulo VII

Fines

Amados hermanos, nuestras actividades nos convierten en los formadores de la conciencia del mundo por lo que cada progreso en nuestro conocimiento espiritual debe ser transmitido a la mayor cantidad de gente lo más rápido posible. La nueva humanidad o humanidad sobreviviente deberá ser dirigida por personas que hayan tenido la formación espiritual, moral y ética adecuada; ésta es la única forma de que la especie humana no desaparezca.

Al igual que el Bautista y que nuestro amado Maestro, nuestra prédica debe procurar el Arrepentimiento; “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2). Pero... ¿somos capaces de ver esto?, ¿alcanzamos a darnos cuenta de que nuestros hermanos están siendo eliminados sin tener oportunidad de alcanzar el conocimiento de la verdad?... y nosotros, que hemos tenido la gracia del conocimiento, ¿estamos cumpliendo con nuestro deber?, y ¿cuál es nuestro deber?... ¡Evangelizar!, llevar a los hombres el mensaje del Mesías que redime a la humanidad, esa sencilla verdad que salva el alma de los hombres.

Estamos dejando de lado lo más importante pues el hecho de acudir solidariamente a ayudar a hermanos o animales necesitados nos ayuda a nosotros en exclusiva, pero.... ¿y el espíritu de la persona ayudada?, podemos ser solidarios y eso le agradará a Dios, pero no nos hace perfectos, la solidaridad necesita también espiritualidad.

Hermanos, no nos equivoquemos, es mucho más importante el espíritu que el cuerpo, todas nuestras obras deben ser impulsadas por y para la fe en Dios.

Cada ser creado por Dios consta de espíritu, en consecuencia, también los no nacidos; resulta ilógico que nos esforcemos acudiendo a ayudar a personas a otros continentes y en nuestras ciudades permitamos que nuestros hermanos espirituales sean asesinados en masa mediante prácticas abortivas y manipulación genética.

Hermanos, mucha gente se muere corporalmente todos los días, pero si hay algo que debería preocuparnos es poder alcanzar la facultad de conducir a este espíritu a su reencuentro con Dios. Esto lo podremos hacer cuando de verdad el Amor sea parte de nuestro ser, cuando hagamos al igual que Jesús, “porque yo hago siempre lo que le agrada”. Juan 8:29.

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”

Mateo 24:35

El conocimiento expuesto en el libro sagrado debe ser interpretado fielmente, siempre para acrecentar nuestro conocimiento y fe en el Dios Altísimo. Las ventajas, como las estamos viendo, son inmensas; no nos dejemos debilitar por quienes pretenden ser dueños de la verdad absoluta, Dios no es patrimonio de nadie, Dios no se encuentra en la piedra sino en los corazones de los hombres que aman.

Hermanos, yo creo en ustedes, sé que sus ideales están por encima de los del mundo y a partir de hoy os invito a orar para que nuestro Maestro aumente nuestra fe y sus dones en nosotros. Que el mundo nos tenga por siervos de Cristo y administradores de los dones de Dios.

Se agradece compartir este estudio total o parcialmente, por favor citar la fuente.

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¿Jesús es Dios? Respuestas bíblicas.

Yo Soy el camino, la verdad y la vida”  Juan 14:6


Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la

puerta, entraré, y cenaré con él y él conmigo Apocalipsis 3:20


Los cristianos reconocemos a Jesucristo como Señor y Salvador y confesamos su naturaleza divina. Esta convicción no depende de un solo versículo aislado, sino del testimonio conjunto del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Al anunciar el nacimiento de Jesús, Mateo aplica a Él la profecía de Isaías:

«Emanuel», que traducido es: «Dios con nosotros».

Mateo 1:23

Esta declaración remite directamente a la profecía mesiánica:

Isaías 7:14

Isaías presenta además al Mesías mediante títulos extraordinarios:

«Dios Fuerte» y «Padre Eterno».

Isaías 9:6

Desde las profecías mesiánicas encontramos, por tanto, declaraciones que preparan el camino para comprender la identidad divina de Jesucristo.

El Verbo era Dios y todas las cosas fueron creadas por medio de Él

Juan comienza su Evangelio afirmando que el Verbo estaba con Dios y que: «el Verbo era Dios».

Añade inmediatamente que todas las cosas fueron hechas por medio de Él.

Juan 1:1-3

Más adelante Juan identifica claramente a ese Verbo con Jesucristo:

Juan 1:14

Pablo presenta la misma realidad al hablar de Cristo como imagen del Dios invisible y afirmar que por medio de Él fueron creadas todas las cosas, visibles e invisibles, y que todas las cosas en Él subsisten.

Colosenses 1:15-17

La carta a los Hebreos añade que el Hijo es:

«el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia»

y declara que Él sustenta todas las cosas con la palabra de su poder.

Hebreos 1:3

Cristo existía antes de la creación

Jesús mismo habló de la gloria que poseía junto al Padre antes de que el mundo existiera:

Juan 17:5

Esto concuerda con Juan 1 y Colosenses 1: Jesucristo no comienza su existencia en Belén. Su nacimiento humano constituye su entrada en la historia como hombre, pero las Escrituras presentan su existencia como anterior a la creación del mundo.

En Cristo habita toda la plenitud de la Deidad

Uno de los textos más directos aparece en la carta a los Colosenses:

«Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad».

Colosenses 2:9

La expresión es particularmente significativa: Pablo no se limita a atribuir a Cristo cualidades divinas, sino que afirma que en Él habita toda la plenitud de la Deidad.

Jesucristo existía en forma de Dios

Pablo escribe acerca de Jesucristo:

«siendo en forma de Dios...»

Filipenses 2:5-11

El pasaje describe su humillación voluntaria, su obediencia hasta la muerte de cruz y su posterior exaltación, declarando que ante Jesús se doblará toda rodilla y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor.

Otro texto tradicionalmente utilizado para expresar la manifestación divina en Cristo es:

1 Timoteo 3:16

La Reina-Valera 1960 contiene la expresión: «Dios fue manifestado en carne».

«Antes que Abraham fuese, yo soy»

En una controversia con sus adversarios, Jesús afirmó:

«Antes que Abraham fuese, yo soy».

Juan 8:58

La expresión «Yo soy» adquiere una especial importancia cuando se compara con la revelación del nombre de Dios a Moisés:

Éxodo 3:14

La reacción inmediata de quienes escuchaban a Jesús —tomaron piedras para arrojárselas— demuestra además que entendieron aquellas palabras como una afirmación extraordinaria acerca de su identidad.

«Yo y el Padre uno somos»

Jesús declaró:

«Yo y el Padre uno somos». 

Juan 10:30-33

Sus adversarios respondieron acusándolo de blasfemia porque, siendo hombre, según ellos, se hacía Dios.

Juan registra anteriormente una reacción semejante cuando explica que perseguían a Jesús porque llamaba a Dios su propio Padre:

«haciéndose igual a Dios».

Juan 5:18

Poco después aparece otra afirmación de enorme importancia:

todos deben honrar al Hijo como honran al Padre.

Juan 5:22-23

«El que me ha visto a mí, ha visto al Padre»

Jesús dijo a sus discípulos:

«El que me ha visto a mí, ha visto al Padre».

Y añadió:

«Yo soy en el Padre, y el Padre en mí».

Juan 14:6-11

Estas palabras revelan una extraordinaria unidad entre el Padre y el Hijo y presentan a Cristo como la revelación perfecta del Padre.

Tomás reconoce a Jesús como Dios

Después de haber dudado de la resurrección, Tomás se encuentra frente al Cristo resucitado y exclama:

«¡Señor mío, y Dios mío!»

Juan 20:24-29

Es especialmente significativo que Jesucristo no rechaza ni corrige esta confesión.

Jesús recibe adoración

Los Evangelios también registran ocasiones en las que Jesús recibe adoración.

Después de su resurrección:

Mateo 28:9

Y cuando sus discípulos lo encontraron en Galilea:

Mateo 28:16-17

También el hombre a quien Jesús había dado la vista declaró creer en Él y le adoró:

Juan 9:35-38

Esto adquiere especial relevancia dentro del contexto bíblico, donde la adoración pertenece a Dios.

Cristo: Dios sobre todas las cosas

Pablo, hablando de Israel y de la procedencia humana de Cristo, escribe:

Romanos 9:5

La Reina-Valera 1960 contiene esta expresión referida a Cristo:

«Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos».

Nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo

Pablo exhorta a los creyentes a esperar:

«la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo».

Tito 2:13

Pedro utiliza una expresión prácticamente paralela:

«nuestro Dios y Salvador Jesucristo».

2 Pedro 1:1

Ambos textos constituyen declaraciones apostólicas particularmente importantes acerca de la identidad de Cristo.

Jesucristo: verdadero Dios y vida eterna

Juan concluye su primera epístola declarando:

«Este es el verdadero Dios, y la vida eterna».

1 Juan 5:20

El Hijo es llamado «Dios»

La carta a los Hebreos declara expresamente acerca del Hijo:

«Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo».

Hebreos 1:8

Este pasaje cita:

Salmos 45:6-7

La importancia del texto radica en que Hebreos aplica expresamente al Hijo las palabras:

«Tu trono, oh Dios».

El Creador eterno: un texto del Antiguo Testamento aplicado al Hijo

La argumentación de Hebreos continúa con una declaración aún más sorprendente.

Refiriéndose al Hijo, dice:

«Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos».

Hebreos 1:10-12

Estas palabras proceden del:

Salmos 102:25-27

En el Salmo se habla del Señor como Creador eterno. Hebreos aplica este pasaje al Hijo, reforzando nuevamente su preexistencia, eternidad y participación en la creación.

Además, Hebreos declara:

«Adórenle todos los ángeles de Dios».

Hebreos 1:6

Isaías anuncia el camino de Jehová; el Nuevo Testamento lo aplica a Jesús

Existe otra relación particularmente significativa entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Isaías profetizó:

«Preparad camino a Jehová».

Isaías 40:3

Siglos después, los Evangelios aplican esta profecía a Juan el Bautista preparando el camino para Jesucristo:

Mateo 3:1-3

Marcos 1:1-3

La relación merece ser observada detenidamente:

Isaías anuncia que alguien preparará el camino de Jehová; los Evangelios identifican a Juan como esa voz y presentan a Jesucristo como aquel cuyo camino Juan estaba preparando.

El interrogante de Proverbios

En el Tanaj, las Escrituras hebreas que los cristianos denominamos Antiguo Testamento, encontramos una pregunta particularmente llamativa en el libro de Proverbios (Mishlé):

Proverbios 30:4

Después de preguntar quién subió y descendió del cielo, quién encerró los vientos y quién estableció los términos de la tierra, el texto pregunta:

«¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?»

Para los cristianos, este interrogante que incluye a un "hijo" de Dios, adquiere una dimensión especialmente significativa a la luz de la revelación de Jesucristo en el Nuevo Testamento.

Un testimonio bíblico convergente

Ninguno de estos textos debe analizarse aisladamente.

Cuando reunimos el testimonio bíblico encontramos que Jesucristo:

  • existía antes de la creación;

  • participó en la creación de todas las cosas;

  • sostiene todas las cosas;

  • poseía gloria junto al Padre antes que el mundo existiera;

  • es llamado Dios;

  • contiene corporalmente toda la plenitud de la Deidad;

  • recibe honor y adoración;

  • utiliza expresiones vinculadas a la identidad divina;

  • recibe títulos que el Antiguo Testamento atribuye a Dios;

  • y es confesado por los apóstoles como Señor, Dios y Salvador.

Por todo ello, la confesión cristiana acerca de la divinidad de Jesucristo no descansa sobre una frase aislada ni sobre una interpretación accidental.

Surge del testimonio convergente de las Escrituras.

Jesucristo es Señor, Salvador y Dios.

«El que me ha visto a mí, ha visto al Padre».

Juan 14:9

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¿Inmortalidad mediante la ciencia? Lo que dice la Biblia.


En
Génesis 6:3, Dios declara:

“No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años.”

Este pasaje ha sido interpretado de dos maneras principales: como una referencia a 120 años antes del diluvio, o como el establecimiento de un límite relacionado con la longevidad humana. En todo caso, el principio central es inequívoco: Dios, y no el hombre, tiene soberanía sobre la duración de la vida.

Posteriormente, Moisés expresa la duración ordinaria de la vida humana:

“Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años…”
Salmo 90:10

Sin embargo, el propio Moisés constituye una excepción extraordinaria. La Escritura afirma que murió a los 120 años, pero añade algo verdaderamente excepcional:

“Era Moisés de edad de ciento veinte años cuando murió; sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor.”
Deuteronomio 34:7

Esto no significa simplemente que Moisés “llegó vivo” a los 120 años. El texto bíblico recalca que conservaba la vista y la fuerza física. Y el capítulo comienza diciendo que, antes de morir, “subió Moisés de los campos de Moab al monte Nebo, a la cumbre del Pisga”.

Vamos a tratar de explicar la dimensión física de este hecho. El monte Nebo alcanza aproximadamente 710 metros sobre el nivel del mar, y fuentes oficiales de turismo de Jordania describen su elevación respecto del valle del Jordán en torno a 700 metros.

Para visualizarlo: 700 metros de ascenso vertical equivaldrían aproximadamente a subir por las escaleras un edificio de unos 230 pisos, suponiendo unos 3 metros de altura por piso.

Naturalmente, esto es solo una comparación ilustrativa: la Biblia no dice que Moisés ascendiera exactamente 700 metros de desnivel ni conocemos con precisión la ruta que siguió. Pero sí afirma inequívocamente que a los 120 años fue capaz de subir desde las llanuras de Moab hasta la cumbre del monte.

Por eso Deuteronomio 34:7 cobra tanta fuerza: Moisés no aparece como un anciano de 120 años debilitado y postrado, sino como un hombre que, hasta el final de su vida, conservó una capacidad física extraordinaria. Dentro del propio relato bíblico, esto señala una condición excepcional vinculada a una categoría bíblica/espiritual pues inmediatamente después es llamado:

“Moisés, siervo de Jehová”
—Deuteronomio 34:5.

En conclusión, su longevidad no solamente fue extraordinaria; también lo fue la conservación de su vigor hasta el último día de su vida.

Caleb presenta otro caso notable. Dios lo llama expresamente:

Mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí…”
Números 14:24

A los 85 años, Caleb declaró:

“Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió… cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra.”
Josué 14:10-11

En ambos casos, la Escritura dirige nuestra atención no hacia una técnica de rejuvenecimiento, sino hacia Dios, la fidelidad de sus siervos y el propósito para el cual sus vidas fueron preservadas.

Job constituye otro ejemplo. Dios lo llama repetidamente “mi siervo Job” y, después de su prueba, restauró su salud y permitió que viviera otros 140 años (Job 42:16).

También encontramos un caso donde Dios añade expresamente años a una vida. A Ezequías le dijo:

“He oído tu oración, y he visto tus lágrimas… añadiré a tus días quince años.”
Isaías 38:5

Es significativo que allí también intervino un tratamiento: Isaías ordenó colocar una masa de higos sobre la llaga (Isaías 38:21). Por tanto, la Biblia no enfrenta necesariamente medicina y fe. La medicina puede ser utilizada para sanar; pero la Escritura atribuye finalmente la vida y sus días a Dios.

Jesús también advirtió contra la pretensión humana de disponer autónomamente de muchos años. En la parábola del rico, este se dijo:

“Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años…”

Pero Dios le respondió:

“Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma.”
Lucas 12:19-20

El problema no era querer vivir, sino actuar como si los años futuros fueran propiedad garantizada del hombre.

Por eso, frente a quienes hoy pretenden prolongar radicalmente la existencia mediante genética, biotecnología, medicamentos o inteligencia artificial, la respuesta bíblica no consiste en rechazar la ciencia, sino en recordar sus límites:

Cuidar la vida es legítimo; intentar sustituir la soberanía de Dios sobre la vida es otra cosa. La medicina puede añadir salud a nuestros años, pero no posee autoridad sobre el número final de nuestros días.

Y existe todavía una diferencia fundamental entre la promesa científica de longevidad y la esperanza cristiana: el objetivo último del cristianismo no consiste en prolongar indefinidamente esta vida, sino en recibir vida eterna.

Jesús no dijo: “Yo he venido para que vivan 150 o 200 años”. Dijo:

“Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”
Juan 10:10

Y finalmente:

“El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”
Juan 11:25

Así, desde la perspectiva bíblica, la gran victoria sobre la muerte es la resurrección. La medicina puede retrasar la muerte; Cristo la venció en la Cruz para darnos vida eterna.

Hno. Ricardo Carlin de la Cruz.

ricardocarlindelacruz.blogspot.com


Luego del Rapto de la Iglesia... ¿habrá salvación?


El escenario que presentamos a continuación es hipotético para quienes leen este mensaje antes de que estos acontecimientos hayan ocurrido. Sin embargo, está basado en profecías que la Biblia presenta como acontecimientos reales que habrán de cumplirse.

Imagina por un momento que una noticia extraordinaria comienza a recorrer el mundo:

han desaparecido numerosas personas.

Familias buscan desesperadamente a sus seres queridos. Los medios de comunicación intentan encontrar una explicación. Gobiernos, científicos, autoridades y dirigentes religiosos presentan diferentes hipótesis.

Entre muchas personas comienza entonces a mencionarse algo anunciado desde hace siglos en las Escrituras:

El Rapto de la Iglesia

El apóstol Pablo escribió acerca de un momento en que los creyentes serán arrebatados para recibir al Señor en el aire:

1 Tesalonicenses 4:16-17

Pablo vuelve a referirse a esta transformación extraordinaria cuando declara que no todos dormiremos, pero todos seremos transformados:

1 Corintios 15:51-52

Si acaso estás leyendo este mensaje después de comprobar la desaparición de personas que practicaban verdaderamente el cristianismo, esta información debería tener máximo interés.

Este mensaje también está dirigido a aquellas personas religiosas que, llegado ese momento, puedan sentirse engañadas y desamparadas: engañadas porque confiaron su salvación simplemente a la pertenencia a determinada organización religiosa, y desamparadas porque descubrirán que la salvación nunca dependió de pertenecer a una institución humana.

Mantendremos esta información publicada sine die.

Lo primero que debes comprender es que existe una vida espiritual eterna, sea en gozo o en tormento, y que las claves para alcanzar la vida eterna se encuentran expuestas públicamente en las Escrituras desde hace muchos años.

Por ello, no desperdicies el tiempo buscando solamente una explicación política, científica o religiosa para aquello que está sucediendo. Sino, inmediatamente:

Arrepiéntete. Busca a Dios. Cree en Jesucristo y permanece fiel a Él.

¿Qué es realmente la Iglesia?

Cuando hablamos de la Iglesia que será arrebatada, no estamos hablando de una denominación religiosa específica, de un edificio, de una organización jurídica ni de quienes simplemente llevan el nombre de cristianos.

La Iglesia, en el sentido bíblico, es el cuerpo de quienes verdaderamente pertenecen a Jesucristo.

Pablo presenta a los creyentes como el cuerpo de Cristo:

1 Corintios 12:27

La misma enseñanza aparece en:

Efesios 1:22-23

Colosenses 1:18

Cristo es la cabeza y la Iglesia es su cuerpo.

Por eso, cuando hablamos del Rapto de la Iglesia, estamos hablando del cuerpo de verdaderos creyentes cuya fe está depositada en Jesucristo.

La Iglesia y aquello que actualmente detiene el mal

Pablo enseña que existe actualmente algo, y alguien, que impide que el inicuo se manifieste plenamente:

2 Tesalonicenses 2:6-8

El texto no identifica expresamente al que detiene como «la Iglesia». Sin embargo, según la interpretación profética que seguimos, la presencia del verdadero cuerpo de creyentes, mediante la acción del Espíritu Santo en ellos, constituye actualmente una importante fuerza restrictiva frente a la manifestación plena del mal.

Jesús dijo a sus discípulos:

«Vosotros sois la sal de la tierra».

«Vosotros sois la luz del mundo».

Mateo 5:13-16

La sal, además de dar sabor, ha sido históricamente utilizada para preservar y retardar la corrupción. La imagen resulta especialmente significativa.

Antes de regresar al Padre, Jesucristo anunció además que enviaría «otro Consolador», el Espíritu de verdad:

Juan 14:16-17

Jesús identificó expresamente a este Consolador como el Espíritu Santo:

Juan 14:26

Y explicó la relación entre su partida y la venida del Consolador:

Juan 16:7

Durante la actual etapa de la Iglesia, el Espíritu Santo actúa de una manera especial en el cuerpo de verdaderos creyentes en Jesucristo.

Según nuestra interpretación de estas profecías, cuando la Iglesia sea arrebatada desaparecerá de la Tierra esa particular presencia corporativa y cesará la función restrictiva que actualmente ejerce frente a la manifestación plena del mal.

Esto no significa que el Espíritu Santo desaparezca de la Tierra.

El Espíritu Santo es Dios. No deja de existir ni pierde su poder. Así que podemos contar con él.

De hecho, Apocalipsis presenta personas que durante aquel período reconocerán a Jesucristo, creerán en Él y permanecerán fieles aun frente a la muerte.

Esto nos lleva directamente a la pregunta central:

¿Habrá salvación después del Rapto?

Según la interpretación profética que exponemos en este estudio:

Sí.

Apocalipsis presenta personas que permanecerán fieles a Jesucristo durante ese período, incluso cuando esa fidelidad pueda costarles la vida.

Uno de los textos más importantes describe una multitud inmensa:

Apocalipsis 7:9-14

Cuando se pregunta quiénes son, la respuesta es que han salido de la gran tribulación.

Más adelante encontramos:

Apocalipsis 20:4

El pasaje menciona a quienes recibieron facultad de juzgar, a quienes fueron muertos por causa del testimonio de Jesús y de la Palabra de Dios, y a quienes no adoraron a la bestia ni recibieron su marca.

Podemos distinguir varios grupos.

1. Los que recibieron facultad de juzgar. La Escritura enseña que los santos participarán del juicio:

1 Corintios 6:2-3

Dentro de la interpretación que seguimos, este grupo corresponde a la Iglesia que ya se encuentra con Cristo.

2. Los muertos por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús

Apocalipsis presenta a personas que fueron muertas por causa de la Palabra de Dios y por el testimonio que mantenían:

Apocalipsis 6:9-11

Se les dice que esperen hasta que se complete el número de quienes habrían de morir como ellos.

Esto indica que durante aquel terrible período existirán personas que reconocerán a Jesucristo y permanecerán fieles a Él incluso frente a la persecución y la muerte.

Será una situación que recordará los primeros tiempos del cristianismo, cuando numerosos creyentes prefirieron entregar sus vidas antes que renegar de Jesucristo.

3. Los que no adoren a la bestia ni reciban su marca

La Escritura anuncia un sistema que impondrá una marca sobre la mano derecha o sobre la frente:

Apocalipsis 13:16-18

Apocalipsis relaciona esta marca con la adoración a la bestia y presenta una severa advertencia:

Apocalipsis 14:9-12

En ese contexto aparece una de las características fundamentales de los santos:

La perseverancia.

Quienes vivan durante aquel período deberán negarse a adorar a la bestia y a recibir su marca.

Negar a Jesús para conservar la vida

Llegado ese momento, una persona podría pensar:

«Negaré a Jesucristo para salvar mi vida».

Pero debe preguntarse: ¿Qué vida estaría salvando?

Jesús advirtió:

«El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará».

Mateo 10:39

También advirtió acerca de negar o confesar su nombre:

Mateo 10:32-33

Negar a Jesucristo para prolongar la existencia física podría «comprar» apenas un tiempo extremadamente breve de vida terrenal, pero a un precio espiritual incalculable.

La autoridad de la bestia tampoco será eterna. Apocalipsis establece un período concreto: 42 meses

Apocalipsis 13:5

Encontramos también: 1.260 días

Apocalipsis 12:6

Y: «un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo»

Apocalipsis 12:14

Dentro de la interpretación profética que seguimos, estos períodos corresponden a tres años y medio.

Por eso, quien negara a Cristo pensando que así conservará su vida estaría cambiando la eternidad por un período terrenal extraordinariamente corto e incierto.

Jesús dijo respecto de aquellos días:

Mateo 24:21-22

Aquella tribulación tendrá un límite establecido por Dios.

La persecución será temporal. Jesucristo es eterno.

La naturaleza también será estremecida

Durante estos acontecimientos, Apocalipsis anuncia extraordinarios fenómenos naturales.

Habrá grandes terremotos:

Apocalipsis 6:12

Apocalipsis 11:13

Finalmente, se describe un terremoto de una magnitud incomparable:

Apocalipsis 16:18-21

También se anuncian extraordinarias alteraciones relacionadas con el mar, las aguas, la tierra y los astros.

Para comprender estos acontecimientos debemos distinguir dos realidades:

Una cosa es la función especial que el Espíritu Santo ejerce actualmente mediante la Iglesia verdadera como cuerpo de creyentes: «sal de la tierra» y «luz del mundo» y que, según nuestra interpretación, participa de esa acción que restringe el avance del mal; otra cosa es el poder soberano de Dios mediante el cual la creación continúa existiendo.

Con el Rapto de la Iglesia cesará, según esta interpretación, aquella particular función restrictiva ejercida mediante ese cuerpo de creyentes.

Pero Dios continuará siendo soberano sobre la Tierra, la naturaleza y todos los acontecimientos que se desarrollen durante aquel período.

Los terremotos y demás alteraciones anunciadas en Apocalipsis deben entenderse dentro del marco de los acontecimientos y juicios proféticos establecidos por Dios.

Incluso aquella terrible etapa tendrá un límite.

Nada escapará del control de Dios.

¿Qué debes hacer para salvarte?

La pregunta fundamental será la misma que encontramos en el libro de los Hechos:

«¿Qué debo hacer para ser salvo?»

La respuesta fue: «Cree en el Señor Jesucristo».

Hechos 16:30-31

1. Arrepiéntete inmediatamente

Reconoce tus pecados delante de Dios.

El Salmo 51 contiene una extraordinaria oración de arrepentimiento:

Salmo 51

No intentes justificar delante de Dios aquello que sabes que está mal.

Reconoce tus pecados, pide misericordia y abandona aquello que contradice la voluntad de Dios.

2. Cree en Jesucristo

La salvación no depende de pertenecer a determinada organización religiosa.

Romanos 10:9-10

Pon tu confianza en Jesucristo como Señor y Salvador.

3. Clama a Dios. Dios dice:

«E invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás».

Salmo 50:15

Ora con sinceridad y pide a Dios que te fortalezca mediante su Espíritu Santo para permanecer fiel a Jesucristo.

4. Aférrate a la Palabra de Dios

Durante un período de engaño, persecución y confusión necesitarás distinguir la verdad de la mentira.

Jesús dijo:

«Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad».

Juan 17:17

Lee la Biblia, estúdiala, ora y contrasta con las Escrituras aquello que te enseñen.

5. No adores a la bestia ni recibas su marca

Como hemos visto en Apocalipsis 13 y 14, esta será una decisión de enormes consecuencias espirituales.

No cambies tu fidelidad a Dios por comida, seguridad, comodidad, dinero o algunos meses adicionales de existencia terrenal.

6. Permanece fiel a Jesucristo aunque esa fidelidad pudiera costarte la vida

Apocalipsis describe a los vencedores:

«Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos».

Apocalipsis 12:11

Esto no significa que el martirio compre la salvación.

La salvación procede de Jesucristo.

Pero, llegado el momento de escoger entre negar a Cristo para conservar temporalmente la vida o permanecer fiel a Él, la Escritura llama a permanecer fiel.

La vida terrenal es temporal. La vida que Cristo ofrece es eterna.

No deposites tu salvación en una religión

Si después de aquellos acontecimientos encuentras iglesias, denominaciones, organizaciones o dirigentes religiosos tratando de explicar lo sucedido, recuerda:

Ninguna organización humana puede salvarte.

Tampoco concluyas automáticamente que toda congregación o toda persona que permanezca en la Tierra es falsa, porque el Apocalipsis muestra que durante aquel período habrá personas que llegarán a creer en Jesucristo.

La prueba deberá ser la fidelidad a Cristo y a su Palabra.

Examina toda enseñanza mediante las Escrituras.

Apocalipsis contiene esta advertencia:

«Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados».

Apocalipsis 18:4

No deposites tampoco tu vida espiritual en ideologías, sistemas políticos, filosofías o líderes humanos que pretendan ocupar el lugar que corresponde a Dios.

Tu referencia debe ser Jesucristo y su Palabra.

Practica la misericordia

En medio de una época dominada por el miedo, la persecución y el egoísmo, recuerda las palabras de Jesucristo:

Mateo 25:31-46

Ayuda al hambriento, al perseguido, al enfermo y al necesitado.

No permitas que el temor destruya tu amor al prójimo.

Solo Jesucristo puede darte vida eterna

Este mensaje no pretende conducirte hacia una nueva denominación, organización religiosa o dirigente humano.

Ve directo hacia Jesucristo.

Él dijo: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá».

Juan 11:25

Y también declaró: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí».

Juan 14:6

Por eso, aun en el momento más terrible, el mensaje continuará siendo el mismo:

Arrepiéntete.

Cree en Jesucristo.

Permanece fiel a su Palabra.

No niegues a Jesucristo para conservar momentáneamente tu vida.

No adores a la bestia ni recibas su marca.

Persevera hasta el fin.

Porque aquello que pudieras obtener negando a Jesucristo sería solamente una prolongación temporal e incierta de tu existencia.

La vida que Jesucristo ofrece es eterna.

Ricardocarlindelacruz.blogspot.com