Liderazgo que sirve: ser parte de la solución.

Imaginemos por un momento que estamos participando en un banquete, una fiesta o cualquier actividad de entretenimiento y, de repente, nos enteramos de que nuestro hermano, nuestro padre o nuestro hijo se encuentra en una situación de extrema necesidad a causa de una guerra, un desastre natural, el hambre o una enfermedad.

¿Sería suficiente preguntarnos: «¿Por qué Dios no hace algo?»

¿O sería más correcto preguntarnos: «¿Qué puedo hacer yo para ayudar?»

Esta diferencia aparentemente sencilla encierra una de las grandes enseñanzas del liderazgo cristiano.

Jesús dijo:

«Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir». Marcos 10:45

Los problemas también son oportunidades para servir

En muchas partes del mundo existen personas que padecen hambre, enfermedades, abandono, violencia, guerras y otras formas de sufrimiento.

Ante estas realidades pueden despertarse en nosotros sentimientos de solidaridad, caridad, misericordia y fraternidad. Pero estos sentimientos solamente alcanzan su verdadero valor cuando nos llevan a actuar.

La Escritura nos recuerda:

«Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?» Santiago 2:15-16

Por eso, el liderazgo verdadero no consiste únicamente en señalar los problemas, sino en buscar soluciones y comprometerse con ellas.

¿Qué significa realmente ser una persona importante?

Existe una gran diferencia entre vivir buscando reconocimiento social y vivir procurando ser útil a nuestros semejantes.

Una persona no adquiere verdadera importancia por entrar a los lugares de moda, por poseer determinados bienes o por recibir un trato especial.

La verdadera grandeza se manifiesta en el servicio que prestamos a los demás.

Jesús expresó esta enseñanza con absoluta claridad:

«El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor». Mateo 20:26

Desde esta perspectiva, la verdadera categoría de una persona no la determina cuánto recibe de los demás, sino cuánto bien es capaz de producir con su vida.

Una actitud gerencial frente a los problemas

La actitud correcta no consiste en convertirnos permanentemente en jueces de los hombres, de las iglesias o incluso de Dios.

Debemos desarrollar una actitud responsable y práctica que podríamos llamar actitud gerencial:

Ante cada problema, buscar una solución.

Sin embargo, muchas veces los seres humanos permanecemos atrapados en nuestros propios conflictos. La falta de formación espiritual, moral y personal puede conducirnos a comportamientos que destruyen nuestra capacidad de servir: alcoholismo, drogadicción, violencia, promiscuidad, explotación sexual, irresponsabilidad y otras conductas que pueden debilitarnos física, moral y espiritualmente.

¿Cómo podremos ayudar eficazmente a otros si primero destruimos nuestras propias vidas?

El liderazgo cristiano comienza por aprender a gobernarnos a nosotros mismos.

Dios obra también por medio de nosotros

El hambre, la violencia, la guerra, las enfermedades evitables, la explotación humana, el terrorismo y muchas otras tragedias requieren respuestas humanas responsables.

Dios nos ha dado inteligencia, recursos, capacidad de organización, conocimiento y libertad para actuar.

Cuando empleamos nuestros recursos únicamente en excesos, lujos, drogas, juegos, prostitución, armas o consumismo, mientras millones de personas padecen necesidades básicas, debemos preguntarnos si estamos administrando correctamente aquello que ha sido puesto en nuestras manos.

Jesús dijo:

«Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis». Mateo 25:35

Y añadió:

«De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis». Mateo 25:40

Ser parte del problema o parte de la solución

Hermanos, todos podemos elegir.

Podemos pasar por la vida parasitando, contemplando los problemas desde lejos, o podemos decidir convertirnos en parte de la solución.

El mundo necesita hombres y mujeres capaces de investigar antes de juzgar, aprender antes de opinar, reconocer sus propios errores, revisar sus convicciones cuando sea necesario y comprometerse seriamente con el bienestar de los demás.

El mundo necesita líderes auténticos, íntegros y dispuestos a servir.

Y si consideramos que existen pocos, Mateo 9:37-38, quizá debamos tomar una de las decisiones más importantes de nuestra vida:

Dejar de esperar que aparezcan otros líderes y comenzar nosotros mismos a prepararnos para servir.

No necesitamos convertirnos en imitadores de los ídolos de moda.

Podemos formar parte del liderazgo más extraordinario que ha conocido la humanidad: el liderazgo de Jesucristo, nuestro Maestro, quien enseñó que la verdadera grandeza consiste en servir.

Que Dios nos conceda sabiduría, humildad, valor y perseverancia para convertirnos en instrumentos útiles al servicio de nuestros semejantes.

Ricardocarlindelacruz.blogspot.com