El escenario que presentamos a continuación es hipotético para quienes leen este mensaje antes de que estos acontecimientos hayan ocurrido. Sin embargo, está basado en profecías que la Biblia presenta como acontecimientos reales que habrán de cumplirse.
Imagina por un momento que una noticia extraordinaria comienza a recorrer el mundo:
han desaparecido numerosas personas.
Familias buscan desesperadamente a sus seres queridos. Los medios de comunicación intentan encontrar una explicación. Gobiernos, científicos, autoridades y dirigentes religiosos presentan diferentes hipótesis.
Entre muchas personas comienza entonces a mencionarse algo anunciado desde hace siglos en las Escrituras:
El Rapto de la Iglesia
El apóstol Pablo escribió acerca de un momento en que los creyentes serán arrebatados para recibir al Señor en el aire:
Pablo vuelve a referirse a esta transformación extraordinaria cuando declara que no todos dormiremos, pero todos seremos transformados:
Si acaso estás leyendo este mensaje después de comprobar la desaparición de personas que practicaban verdaderamente el cristianismo, esta información debería tener máximo interés.
Este mensaje también está dirigido a aquellas personas religiosas que, llegado ese momento, puedan sentirse engañadas y desamparadas: engañadas porque confiaron su salvación simplemente a la pertenencia a determinada organización religiosa, y desamparadas porque descubrirán que la salvación nunca dependió de pertenecer a una institución humana.
Mantendremos esta información publicada sine die.
Lo primero que debes comprender es que existe una vida espiritual eterna, sea en gozo o en tormento, y que las claves para alcanzar la vida eterna se encuentran expuestas públicamente en las Escrituras desde hace muchos años.
Por ello, no desperdicies el tiempo buscando solamente una explicación política, científica o religiosa para aquello que está sucediendo. Sino, inmediatamente:
Arrepiéntete. Busca a Dios. Cree en Jesucristo y permanece fiel a Él.
¿Qué es realmente la Iglesia?
Cuando hablamos de la Iglesia que será arrebatada, no estamos hablando de una denominación religiosa específica, de un edificio, de una organización jurídica ni de quienes simplemente llevan el nombre de cristianos.
La Iglesia, en el sentido bíblico, es el cuerpo de quienes verdaderamente pertenecen a Jesucristo.
Pablo presenta a los creyentes como el cuerpo de Cristo:
La misma enseñanza aparece en:
Cristo es la cabeza y la Iglesia es su cuerpo.
Por eso, cuando hablamos del Rapto de la Iglesia, estamos hablando del cuerpo de verdaderos creyentes cuya fe está depositada en Jesucristo.
La Iglesia y aquello que actualmente detiene el mal
Pablo enseña que existe actualmente algo, y alguien, que impide que el inicuo se manifieste plenamente:
El texto no identifica expresamente al que detiene como «la Iglesia». Sin embargo, según la interpretación profética que seguimos, la presencia del verdadero cuerpo de creyentes, mediante la acción del Espíritu Santo en ellos, constituye actualmente una importante fuerza restrictiva frente a la manifestación plena del mal.
Jesús dijo a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra».
«Vosotros sois la luz del mundo».
La sal, además de dar sabor, ha sido históricamente utilizada para preservar y retardar la corrupción. La imagen resulta especialmente significativa.
Antes de regresar al Padre, Jesucristo anunció además que enviaría «otro Consolador», el Espíritu de verdad:
Jesús identificó expresamente a este Consolador como el Espíritu Santo:
Y explicó la relación entre su partida y la venida del Consolador:
Durante la actual etapa de la Iglesia, el Espíritu Santo actúa de una manera especial en el cuerpo de verdaderos creyentes en Jesucristo.
Según nuestra interpretación de estas profecías, cuando la Iglesia sea arrebatada desaparecerá de la Tierra esa particular presencia corporativa y cesará la función restrictiva que actualmente ejerce frente a la manifestación plena del mal.
Esto no significa que el Espíritu Santo desaparezca de la Tierra.
El Espíritu Santo es Dios. No deja de existir ni pierde su poder. Así que podemos contar con él.
De hecho, Apocalipsis presenta personas que durante aquel período reconocerán a Jesucristo, creerán en Él y permanecerán fieles aun frente a la muerte.
Esto nos lleva directamente a la pregunta central:
¿Habrá salvación después del Rapto?
Según la interpretación profética que exponemos en este estudio:
Sí.
Apocalipsis presenta personas que permanecerán fieles a Jesucristo durante ese período, incluso cuando esa fidelidad pueda costarles la vida.
Uno de los textos más importantes describe una multitud inmensa:
Cuando se pregunta quiénes son, la respuesta es que han salido de la gran tribulación.
Más adelante encontramos:
El pasaje menciona a quienes recibieron facultad de juzgar, a quienes fueron muertos por causa del testimonio de Jesús y de la Palabra de Dios, y a quienes no adoraron a la bestia ni recibieron su marca.
Podemos distinguir varios grupos.
1. Los que recibieron facultad de juzgar. La Escritura enseña que los santos participarán del juicio:
Dentro de la interpretación que seguimos, este grupo corresponde a la Iglesia que ya se encuentra con Cristo.
2. Los muertos por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús
Apocalipsis presenta a personas que fueron muertas por causa de la Palabra de Dios y por el testimonio que mantenían:
Se les dice que esperen hasta que se complete el número de quienes habrían de morir como ellos.
Esto indica que durante aquel terrible período existirán personas que reconocerán a Jesucristo y permanecerán fieles a Él incluso frente a la persecución y la muerte.
Será una situación que recordará los primeros tiempos del cristianismo, cuando numerosos creyentes prefirieron entregar sus vidas antes que renegar de Jesucristo.
3. Los que no adoren a la bestia ni reciban su marca
La Escritura anuncia un sistema que impondrá una marca sobre la mano derecha o sobre la frente:
Apocalipsis relaciona esta marca con la adoración a la bestia y presenta una severa advertencia:
En ese contexto aparece una de las características fundamentales de los santos:
La perseverancia.
Quienes vivan durante aquel período deberán negarse a adorar a la bestia y a recibir su marca.
Negar a Jesús para conservar la vida
Llegado ese momento, una persona podría pensar:
«Negaré a Jesucristo para salvar mi vida».
Pero debe preguntarse: ¿Qué vida estaría salvando?
Jesús advirtió:
«El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará».
También advirtió acerca de negar o confesar su nombre:
Negar a Jesucristo para prolongar la existencia física podría «comprar» apenas un tiempo extremadamente breve de vida terrenal, pero a un precio espiritual incalculable.
La autoridad de la bestia tampoco será eterna. Apocalipsis establece un período concreto: 42 meses
Encontramos también: 1.260 días
Y: «un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo»
Dentro de la interpretación profética que seguimos, estos períodos corresponden a tres años y medio.
Por eso, quien negara a Cristo pensando que así conservará su vida estaría cambiando la eternidad por un período terrenal extraordinariamente corto e incierto.
Jesús dijo respecto de aquellos días:
Aquella tribulación tendrá un límite establecido por Dios.
La persecución será temporal. Jesucristo es eterno.
La naturaleza también será estremecida
Durante estos acontecimientos, Apocalipsis anuncia extraordinarios fenómenos naturales.
Habrá grandes terremotos:
Finalmente, se describe un terremoto de una magnitud incomparable:
También se anuncian extraordinarias alteraciones relacionadas con el mar, las aguas, la tierra y los astros.
Para comprender estos acontecimientos debemos distinguir dos realidades:
Una cosa es la función especial que el Espíritu Santo ejerce actualmente mediante la Iglesia verdadera como cuerpo de creyentes: «sal de la tierra» y «luz del mundo» y que, según nuestra interpretación, participa de esa acción que restringe el avance del mal; otra cosa es el poder soberano de Dios mediante el cual la creación continúa existiendo.
Con el Rapto de la Iglesia cesará, según esta interpretación, aquella particular función restrictiva ejercida mediante ese cuerpo de creyentes.
Pero Dios continuará siendo soberano sobre la Tierra, la naturaleza y todos los acontecimientos que se desarrollen durante aquel período.
Los terremotos y demás alteraciones anunciadas en Apocalipsis deben entenderse dentro del marco de los acontecimientos y juicios proféticos establecidos por Dios.
Incluso aquella terrible etapa tendrá un límite.
Nada escapará del control de Dios.
¿Qué debes hacer para salvarte?
La pregunta fundamental será la misma que encontramos en el libro de los Hechos:
«¿Qué debo hacer para ser salvo?»
La respuesta fue: «Cree en el Señor Jesucristo».
1. Arrepiéntete inmediatamente
Reconoce tus pecados delante de Dios.
El Salmo 51 contiene una extraordinaria oración de arrepentimiento:
No intentes justificar delante de Dios aquello que sabes que está mal.
Reconoce tus pecados, pide misericordia y abandona aquello que contradice la voluntad de Dios.
2. Cree en Jesucristo
La salvación no depende de pertenecer a determinada organización religiosa.
Pon tu confianza en Jesucristo como Señor y Salvador.
3. Clama a Dios. Dios dice:
«E invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás».
Ora con sinceridad y pide a Dios que te fortalezca mediante su Espíritu Santo para permanecer fiel a Jesucristo.
4. Aférrate a la Palabra de Dios
Durante un período de engaño, persecución y confusión necesitarás distinguir la verdad de la mentira.
Jesús dijo:
«Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad».
Lee la Biblia, estúdiala, ora y contrasta con las Escrituras aquello que te enseñen.
5. No adores a la bestia ni recibas su marca
Como hemos visto en Apocalipsis 13 y 14, esta será una decisión de enormes consecuencias espirituales.
No cambies tu fidelidad a Dios por comida, seguridad, comodidad, dinero o algunos meses adicionales de existencia terrenal.
6. Permanece fiel a Jesucristo aunque esa fidelidad pudiera costarte la vida
Apocalipsis describe a los vencedores:
«Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos».
Esto no significa que el martirio compre la salvación.
La salvación procede de Jesucristo.
Pero, llegado el momento de escoger entre negar a Cristo para conservar temporalmente la vida o permanecer fiel a Él, la Escritura llama a permanecer fiel.
La vida terrenal es temporal. La vida que Cristo ofrece es eterna.
No deposites tu salvación en una religión
Si después de aquellos acontecimientos encuentras iglesias, denominaciones, organizaciones o dirigentes religiosos tratando de explicar lo sucedido, recuerda:
Ninguna organización humana puede salvarte.
Tampoco concluyas automáticamente que toda congregación o toda persona que permanezca en la Tierra es falsa, porque el Apocalipsis muestra que durante aquel período habrá personas que llegarán a creer en Jesucristo.
La prueba deberá ser la fidelidad a Cristo y a su Palabra.
Examina toda enseñanza mediante las Escrituras.
Apocalipsis contiene esta advertencia:
«Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados».
No deposites tampoco tu vida espiritual en ideologías, sistemas políticos, filosofías o líderes humanos que pretendan ocupar el lugar que corresponde a Dios.
Tu referencia debe ser Jesucristo y su Palabra.
Practica la misericordia
En medio de una época dominada por el miedo, la persecución y el egoísmo, recuerda las palabras de Jesucristo:
Ayuda al hambriento, al perseguido, al enfermo y al necesitado.
No permitas que el temor destruya tu amor al prójimo.
Solo Jesucristo puede darte vida eterna
Este mensaje no pretende conducirte hacia una nueva denominación, organización religiosa o dirigente humano.
Ve directo hacia Jesucristo.
Él dijo: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá».
Y también declaró: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí».
Por eso, aun en el momento más terrible, el mensaje continuará siendo el mismo:
Arrepiéntete.
Cree en Jesucristo.
Permanece fiel a su Palabra.
No niegues a Jesucristo para conservar momentáneamente tu vida.
No adores a la bestia ni recibas su marca.
Persevera hasta el fin.
Porque aquello que pudieras obtener negando a Jesucristo sería solamente una prolongación temporal e incierta de tu existencia.
La vida que Jesucristo ofrece es eterna.

